27 Jun hasta donde llenar la copa
Más allá de la regla establecida para el llenado de copas (blancos jóvenes, tintos crianza, reserva o gran reserva un tercio de la copa, rosados, generosos, tintos jóvenes hasta la mitad o espumosos hasta que quede solamente un centímetro al borde de la copa), lo que nos interesa como disfrutones del vino que somos, es que nuestros amigos no se quejen de la cantidad (generalmente de la poca cantidad) de vino que hay en su copa. Es decir, que nos nos genere la sensación de que hemos sido roñosos: ¿cuánto debo llenar la copa?
Como os prometí en el artículo anterior Donde vas rey de copas, vamos a ver hasta donde llenar las copas, pero permitidme empezar siendo un poco pedante: el vino está formado por alcohol, taninos y cientos de sustancias volátiles. Al servirlo en la copa, estas sustancias aparecen para sorprender a nuestro gusto, olfato, e incluso a nuestra vista.
Si llenamos la copa demasiado, cuando la bebamos entera, las sustancias volátiles ya están lejos de nosotros, de la velada y hasta de nuestra casa.
Por cierto, si estás pensando en llenar a tope la copa, mi consejo es que es mejor rellenar de vino un vaso grande (que te permita mover el vino para detectar algún matiz), en vez de esa misma cantidad en un vaso pequeño y hasta el borde. De esta manera intentaremos evitar beber un líquido cualquiera de manera rápida y desordenada, en vez de beber un bebida con matices y sensaciones que es lo que nos ofrece un buen vino.
Pero yendo más allá, si servimos un vino en el que nos hemos esforzado para mantenerlo a la temperatura adecuada (por ejemplo un blanco fresquito) y lo servimos enrasando la copa para no movernos demasiado atendiendo a nuestros invitados, cuando vayamos a disfrutar la última parte lo haremos con un líquido caliente como una sopa.
Entonces lo lógico es pensar que lo adecuado es servir una pequeña cantidad, la justa para encontrar los matices del vino.
No llego a estar de acuerdo del todo. El que sirve se pasará la velada cansado de servir y los invitados cansados de que esa persona esté siempre delante sirviendo vino.
Y una cosa más. A lo largo de la velada el vino va evolucionando por el proceso de oxidación a la vez que nuestro paladar evoluciona en la detección de los matices al unificar el vino y la comida, es decir, cada vez que bebemos vino estamos bebiendo algo distinto.
Resumiendo para no alargarme: lo que funcionará en tu velada es servir al principio un sexto de la capacidad de la copa donde nos podremos explayar explicando a nuestros invitados el vino que van a disfrutar y después rellenar la misma copa con un cuarto de su capacidad para servir vino de vez en cuando sin aburrir a los atendidos o al que atiende.
Porque nos gustan los Vinos con Historia
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